
Ardua polémica se ha desatado entre aquellos que todavía conservan el arrojo de opinar sobre los derechos del conglomerado. Con valor quienes tienen acceso a los medios, han levantado su voz de protesta por el abuso de quienes desconocen los derechos Sociales y Culturales de un pueblo, que manso aceptó, que a cambio de un espejismo apodado desarrollo, le arrebataran una de las fuentes de protección contra el mal del siglo, el calentamineto global.
Me refiero al desafuero de las autoridades quienes en complicidad con mercaderes del comercio, le escindieron a la ciudad una fosa nasal, al depredar una cantidad considerable de árboles y arbustos que conformaban ese espacio que ahora solo en la historia conservará su nombre, BOSQUE POPULAR.
Será que alguien se atreve a desmenuzar el significado de esas palabras. El bosque del pueblo, ese que ya no es ni bosque ni del pueblo, por cuenta de quienes creen que la mayoría de sus coterráneos son oligofrénicos y jamás se darán cuenta que les arrebataron un tesoro, como se le quita un dulce a un niño.
Hecho el mal, cercenada la mano, queda el muñón. Entonces para justificar tan execrable crimen, se obliga a quien compró a peso para vender a dos, a sembrar nuevas especies, que ojalá nuestros hijos logren ver y sus pulmones sentir, en lo que algún día fue un bosque.
Además para compensar, tal vez el remordimiento de un diezmo, se ordena trasladar el pulmón a la plaza de lo que algún día fue la fábrica de Bavaria.
Lloran hoy los sauces por la prematura muerte, con olor a masacre, de sus congéneres cuyo único mal era estar donde deberían estar, hecho que incomoda siempre al que se cree con el derecho de decidir dónde deben estar los demás.
Solo cuando logremos entender y trasmitir el conocimiento acerca de las prácticas sociales que permitan el respeto, el reconocimiento y la valoración de la diversidad en el pensar, el sentir y el actuar, lograremos erradicar ese mal que se le atraviesa a la paz, como es la discriminación.

1 comentario:
Este escrito me parece muy inclusive. Lo malo es que como todo lo que hacemos los cucuteños, ya no sirve, porque el daño está hecho. ¿Por qué no se levantó la voz de alerta cuando se podía detener?
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